¿Qué he aprendido sobre la traducción de la Biblia?

Esta es una traducción adaptada del discurso que Hannu Sorsamo, director saliente de Wycliffe Finlandia, dio en el retiro de miembros el 7 de agosto de 2023. Wycliffe Finlandia, fundada en 1972, ha sido parte de la Alianza Global desde que comenzó en 1980 con el nombre Traductores Bíblicos Wycliffe Internacional.

Hannu Sorsamo

Visión 2025

En 1999, tres años antes de empezar mi camino con Wycliffe, las organizaciones SIL Internacional y Wycliffe formularon y publicaron una declaración que sería de mucha influencia en el mundo de la traducción de la Biblia. La Visión 2025 instó a todas las organizaciones a reconsiderar sus actitudes y formas de trabajar para comenzar la traducción de la Biblia en todos los idiomas que la necesiten para el año 2025.

Ahora, en el 2023, las agencias de traducción están dándose prisa para lograr esta meta, compitiendo para comenzar la traducción en los idiomas que faltan. ¿Quedará algún idioma para que trabajemos nosotros?

La visión 2025 ha tenido éxito en muchos sentidos. Ha inspirado a gente de todo el mundo a unirse al movimiento de traducción de la Biblia. En Wycliffe, nuestra propia red se transformó y pasó de ser un círculo interno a una alianza abierta. La cantidad de traducciones que se han comenzado (y completado) recientemente ha crecido con rapidez y es claro que no ha sido porque «trabajamos más duro», sino porque muchas más organizaciones, iglesias y denominaciones se han involucrado en el trabajo.

Siendo realista, pronto, poco después del 2025, habrá comenzado la traducción a los que llamamos los últimos idiomas, con la excepción de quizá solo unos pocos y, como resultado, las agencias de traducción de la Biblia ya no tendrán su mejor eslogan de mercadotecnia. Ya no podemos recurrir a las iglesias y a los colaboradores diciéndoles que «hay muchas personas esperando que se comience la traducción en el idioma de su corazón».

Además, ahora lleva menos tiempo completar una traducción. Traducir el Nuevo Testamento ahora toma de cinco a diez años, en lugar de 20 o 30. Entonces, ¿qué sucederá cuando se hayan traducido, chequeado, maquetado, impreso, dedicado y embalado en cajas las últimas Biblias?

Visión e impacto

No se equivoque, no piense que estoy lamentando el futuro de Wycliffe cuando se haya terminado su raison d’être o, mejor dicho, cuando se haya cumplido. ¡Podremos celebrar con entusiasmo el día en que la visión de la traducción de la Biblia se haga realidad y luego eliminar nuestras organizaciones!

La visión de la traducción de la Biblia, no obstante, no es la visión 2025, sino, como lo expresa la Alianza Global Wycliffe: individuos, comunidades y naciones transformados por el amor de Dios y la Palabra expresada en sus idiomas y culturas.

La otra cara de esta carrera por comenzar traducciones es que puede llevarnos a perseguir resultados rápidos y fácilmente comercializables. Esta es una tentación a la que en Wycliffe Finlandia, tal como lo expresamos en nuestros valores, queremos resistir. No todas las traducciones marcan una diferencia en la vida de las comunidades lingüísticas. Si bien hay poca investigación sobre el impacto de la traducción de la Biblia, lamentablemente, sabemos que no todas las traducciones transforman la vida de individuos, comunidades o naciones.

En una investigación sobre el uso de las Escrituras traducidas que se llevó a cabo en Papúa Nueva Guinea entre 2014 y 2017, llamada SURAM (Investigación y Ministerio del Uso de las Escrituras, por sus siglas en inglés), se determinó que, de los 200 Nuevos Testamentos traducidos, menos de un tercio se utilizaban ampliamente. Cuatro de 10 traducciones no se utilizaban casi en absoluto. Aunque este peculiar estudio no fue hecho para medir el impacto, es lógico llegar a la conclusión de que una traducción que nadie lee (o escucha) no está produciendo el impacto esperado. A menos que, por supuesto, tomemos en cuenta como impacto la evidencia anecdótica de que algunos hablantes llevan el libro junto a ellos como protección contra el mal.

Entonces ¿cómo podemos saber si una determinada traducción impactará la vida de las personas? ¿Cómo podemos trazar un camino creíble entre lo que hacemos y lo que esperamos que suceda como resultado? ¿Qué serie de acontecimientos conecta la actividad de traducir con individuos, comunidades y naciones transformadas? Ese es, para mí, el asunto urgente en la traducción de la Biblia.

La investigación SURAM de Papúa Nueva Guinea le hizo un gran favor a toda la comunidad de traducción de la Biblia al documentar y explicar con detalles algunas de las debilidades en la historia del movimiento de Wycliffe y SIL. El informe de la investigación SURAM nos lleva a reconocer con urgencia:

  • que nunca tenemos garantizados el efecto y el resultado de un proyecto de traducción;
  • que hemos subestimado las barreras que hay para comenzar a utilizar las Escrituras en lenguas vernáculas;
  • y que debemos replantearnos algunas de las cosas que tradicionalmente damos por supuestas.

La narrativa de la traducción de la Biblia

Uno de estos supuestos que debemos replantearnos, según el informe SURAM, es que nuestra tarea es darles a las personas la Biblia en su propio idioma y el Espíritu Santo hará el resto.

Nuestra teoría tradicional sobre los cambios es más o menos la siguiente: nuestra tarea es traducir la Biblia, o al menos el Nuevo Testamento, en las lenguas vernáculas. Mientras que esperan tener la Palabra de Dios en su propio idioma, las personas estarán ansiosas por tener una copia una vez que se termine la traducción. Entonces leerán (o escucharán) la Biblia y se convertirán en cristianos y, a medida que cada individuo se vuelva a Jesús, la comunidad será transformada. Así es como la traducción en sí misma conduce al cumplimiento de la visión.

Esta narrativa está presente en todas las biografías del fundador de Wycliffe, Cameron Townsend, y en todos los clásicos del movimiento de Wycliffe y SIL, como Todavía faltaban dos mil idiomas. Esta es la historia que inicialmente hizo que me emocionara la obra de la traducción de la Biblia. Tal vez usted también haya sido impulsado a unirse a Wycliffe por esta historia.

El único problema con esta historia es que no es cierta. Rara vez, si es que realmente sucede, una traducción de la Biblia conduce a la transformación de una comunidad de esta manera. Sin dudas, no sucede con las comunidades de África, Asia ni del Pacífico, donde se está llevando a cabo la mayor parte del trabajo de traducción en la actualidad. La gente no necesariamente obtiene una copia de las Escrituras traducidas o las lee. Leer la Biblia no conduce automáticamente a la fe. La conversión de individuos no lleva automáticamente a la transformación de la comunidad. Hay muchos eslabones débiles en la historia, y todos señalan aquellas cosas transculturales que, erróneamente, hemos dado por supuestas.

La cruz de nuestra cultura

Los cristianos de occidente, en general, cargamos la cruz de una cultura literaria individualista como consecuencia de la Reforma y la Ilustración.

Suponemos que todos deberían estudiar la Biblia por su cuenta porque, en esencia, se explica por sí sola. Suponemos que Dios nos habla de manera individual a través de su Palabra y que la fe surge por la lectura personal de la Biblia, la Sola Scriptura. Suponemos que cuando un individuo llega a la fe puede escoger una iglesia para unirse o, en estos tiempos, incluso puede ver reuniones en YouTube y escuchar predicaciones en Spotify.

La mayoría los occidentales hemos crecido rodeados de libros y, muchos de nosotros, en entornos monolingües. Nuestros padres nos han leído libros y nos han incentivado a leer desde una edad muy temprana. Suponemos que podemos decidir por nosotros mismos participar (o dejar de participar) en comunidades. Creemos que con nuestras acciones podemos influir de manera significativa en nuestro futuro.

Estos son algunos de los supuestos condicionados por nuestra cultura que han guiado a las agencias occidentales de traducción de la Biblia. «La Biblia en la lengua materna es el mejor misionero. Nunca se toma licencia ni se considera extranjero». Esta cita, atribuida a Cameron Townsend, se ha utilizado ampliamente en nuestra mercadotecnia, pero ¿es realmente eso la Biblia?

Muchos de mis colegas que trabajaron en Papúa Nueva Guinea tal vez piensen que, al utilizar este país como ejemplo, estoy pecando de reductio ad absurdum. ¿Acaso no es Papúa Nueva Guinea tan distinta con sus pequeñas tribus que hablan más de 800 idiomas? Quizás. Pero ¿no estamos pecando con una falacia aún peor al intentar aplicar la lógica de la cultura occidental al resto del mundo? Pues, ¿acaso no es tan diferente nuestra cultura literaria individualista?

Prestemos atención a algunas enseñanzas más del informe SURAM:

  • En las sociedades orales en las que el porcentaje de alfabetización es bajo, los libros son escasos y leer es raro, muchas veces son altas las barreras para intentar leer un libro difícil como la Biblia.
  • El principal obstáculo es la falta de apoyo por parte de los líderes de las iglesias para el uso de las Escrituras en la lengua vernácula. Si el pastor no habla el idioma local o no lo considera digno de transmitir la revelación de Dios, es muy probable que la traducción no sea utilizada.
  • En una comunidad multilingüe donde las personas están acostumbradas a utilizar diferentes idiomas en diferentes ámbitos, no siempre es obvio cuál sería el idioma del corazón, como el supuesto lo dicta, en el que la Palabra de Dios habla con una riqueza y una claridad únicas.

Es posible que un comerciante viajero encuentre una Biblia de los gedeones en la mesilla de noche de su cuarto de motel estadounidense y haga la oración de fe. Sin embargo, fuera de la cultura occidental, es muy raro que alguien se convierta al cristianismo leyendo una Biblia por su cuenta. En cambio, la fe se despierta cuando la iglesia la proclama a través de testimonios o milagros, sueños y visiones. Entonces, ¿es realmente la Biblia en la lengua materna el mejor misionero?

¿Conversiones personales o movimientos de personas?

El estadounidense Donald McGavran fue uno de los misiólogos más influyentes del siglo XX. Creció en India y luego volvió allí como misionero. McGavran hacía énfasis en la importancia de un movimiento de personas para que la iglesia emergiera y creciera. Observó que, en una cultura colectivista, la fe no se propaga a través de la conversión individual (un corazón a la vez, por así decirlo), sino cuando la fe se convierte en la fe de una comunidad, cuando un clan o una tribu se convierten al cristianismo. Su mecanismo de conversión es muy diferente a lo que el legado de la Reforma (o lo que percibimos de ella) nos enseña. Para aquellos de nosotros que vivimos en culturas que priorizan la libertad individual por sobre los valores comunitarios, pensar que la fe puede no ser una decisión personal quizás suene extraño, e incluso ofensivo.

El «teorema de Wayne Dye»

Hace unos años, tuve una conversación con el pionero de la interacción con las Escrituras, el Dr. Wayne Dye, sobre las traducciones de la Biblia sin usar. Basado en su amplia experiencia, el Dr. Dye, me dijo que había observado dos casos en los que la traducción terminada parece no tener ningún impacto en la comunidad:

  • En el primero, hay una iglesia que funciona bien en medio de la comunidad lingüística, pero no participa o no la invitan a participar en la traducción.
  • En el segundo, la comunidad lingüística no tiene iglesia y el trabajo de traducción se realiza aislado de otras tareas misioneras como el testimonio personal, la enseñanza y la demostración de la relevancia de las Escrituras en la vida comunitaria. En otras palabras, y como yo lo interpreto, si durante la traducción no nace una iglesia, la traducción completa no tendrá ningún impacto.

Cuando hablo con colegas o con cristianos bien intencionados sobre las traducciones no usadas, muchas veces reaccionan diciéndome: «Dios puede sacar las traducciones de sus cajas para que las usen en algún momento, ¡incluso si nadie las lee cuando las publican por primera vez!».

La respuesta a esto de Wayne Dye fue algo que siempre pensé y que cito textualmente:

«No quiero limitar nunca al Espíritu Santo, así que nunca diría que eso no puede suceder. Sin embargo, creo que debemos tomar en cuenta qué está usando Dios y unirnos a eso, en lugar de ignorar esas pruebas, trabajar de otra manera y luego orar para que bendiga igualmente lo que hicimos».

Necesitamos el coraje para preguntarnos si nuestra manera de trabajar se basa en algo más que un camino creíble entre nuestras actividades y nuestra visión. ¿Cuánto más de lo que hacemos está basado en supuestos erróneos? ¿Hasta qué punto nuestras acciones contribuyen a la visión que hemos establecido por nuestra cuenta? Y si no lo hacen, ¿qué deberíamos cambiar?

¿Puede ser que a veces caigamos en el Fariseísmo misionero en el que obedecer la Gran Comisión cobra más importancia que las consecuencias de nuestras acciones?

Sobre los productos

La producción de materiales es central en la «teoría de cambio tradicional de Wycliffe». El objetivo de un proyecto de traducción es producir una Biblia o parte de una. En cuanto al trabajo de alfabetización y educación en lengua materna, nuestro aporte clave ha sido la producción de manuales básicos, libros de estudio o guías para maestros. De nuevo estoy hablando colectivamente de nuestra comunidad occidental de Wycliffe y SIL: hemos sido muy buenos para producir materiales.

«Si su única herramienta es un martillo, usted tenderá a ver todos los problemas como clavos». Según mi experiencia, nuestras herramientas han sido la traducción y la producción de materiales. Es por eso que nos hemos inclinado a ver cada problema como falta de material. La solución a la oscuridad espiritual de los pueblos no alcanzados ha sido traducir la Biblia. La solución al analfabetismo ha sido producir manuales.

Ahora bien, ¡no piense que no tengo respeto por la Biblia en lengua vernácula o por los libros de educación en lengua materna! En absoluto. Si no tuviera en alta estima estos materiales, no habría trabajado por casi 20 años en el movimiento de Wycliffe. Estoy convencido de que la traducción de la Palabra de Dios en la lengua de los pueblos es necesaria para que la fe cristiana eche raíces en las comunidades. Sin embargo, no es suficiente. Se necesita más que un martillo para construir una casa. Para que la fe nazca y eche raíces, se necesita más que la Biblia traducida. Para una educación de calidad, se necesita más que libros de estudio.

Sobre las barreras lingüísticas y culturales y la inculturación de la fe

Una Biblia traducida que no se usa es prueba convincente de que, en esa comunidad lingüística, la barrera más grande para la fe cristiana no es actualmente la falta de las Escrituras en la lengua materna. Si así fuera, estarían leyendo la traducción.

Tanto el informe SURAM como nuestra experiencia colectiva nos indican que hay varios obstáculos para que los individuos, las comunidades y las naciones sean transformados. Muchos de estos obstáculos están relacionados con el idioma y la cultura, entre ellos, el analfabetismo, el menosprecio al propio idioma, la falta de capacitación teológica en la lengua vernácula, la idea de que el cristianismo no aborda temas relevantes, o muchos otros que solamente puede notar la propia comunidad.

A través de la historia, la fe cristiana se ha difundido al cruzar las barreras lingüísticas y culturales. En el Nuevo Testamento, vemos cómo la fe atravesó el primero y más significante obstáculo cuando se difundió desde sus orígenes judeo-hebreo-arameos hacia la cultura helenística griega, es decir, de judíos a paganos. Aún hoy, la fe alcanza a quienes a veces llamamos los no alcanzados al inculturarse, es decir, poniéndose como en su casa, en nuevos idiomas y culturas.

Cuando la fe se incultura, se puede practicar y expresar en el idioma propio, permite un diálogo culturalmente relevante con la Palabra de Dios para poder encontrar en ella las respuestas a las preguntas que tengamos. Una fe inculturada se convierte en una fe propia y nos ayuda a experimentar que el Dios proclamado por el cristianismo es también nuestro Dios, no solo un Dios de otros pueblos. Una fe inculturada no choca con la identidad etnolingüística. En otras palabras, uno se puede convertir al cristianismo y seguir siendo miembro de su comunidad. No veo que haya un conflicto entre ser cristiano y ser finlandés porque crecí en un cristianismo inculturado.

En la inculturación, una iglesia que nace y echa raíces en la comunidad es central. He llegado a creer que esto siempre requiere algún tipo de movimiento de personas «a lo McGavran»*, ya sea que lo podamos ver a través de nuestros lentes teñidos por nuestra cultura o no.

*McGavran hacía énfasis en la importancia de un movimiento de personas para el nacimiento y el crecimiento de una iglesia. Observó que, en una cultura colectivista, la fe no se propaga a través de la conversión individual (un corazón a la vez, por así decirlo), sino cuando la fe se convierte en la fe de una comunidad, cuando un clan o una tribu se convierten al cristianismo.

En una comunidad donde no existe un cristianismo inculturado, el individuo convertido desarrolla, por definición, una identidad cristiana ajena a su cultura de origen y se une a una comunidad de creyentes que hablan otro idioma y que practican su fe dentro del marco de otra cultura. Los miembros de su comunidad de origen normalmente ven esa conversión como el abandono de la cultura y la comunidad propias. Una iglesia vernácula no nace simplemente por la conversión de individuos que abandonan su cultura uno a uno a medida que abrazan la fe.

Por otro lado, sabemos que el proceso de traducción de la Biblia y el caminar al lado de individuos convertidos puede resultar en un movimiento de personas y el inicio de la inculturación de la fe. Esto es lo que sucedió, por ejemplo, en el pueblo lhomi de Nepal. La traducción del Nuevo Testamento no quedó sin ser usada o sin provocar un impacto porque, durante el proceso, nació una iglesia lhomi.

Una vieja nueva narrativa de la traducción de la Biblia

Por lo tanto, el propósito de la traducción de la Biblia no es que, una vez que la Biblia ha sido traducida, los hablantes de un idioma adquieran el Libro, lo lean y se conviertan en cristianos (y es necesario el trabajo de alfabetización para que puedan leer la Biblia).

La importancia del trabajo de traducción de la Biblia está en eliminar, o al menos disminuir, las barreras lingüísticas y culturales que separan a las comunidades del reino de Dios.

Cuando la traducción de la Biblia es exitosa, contribuye a la inculturación de la fe cristiana. El requisito sine qua non en este proceso es el surgimiento de una iglesia que, adaptando la idea del misiólogo David Bosch, pueda practicar una teología relevante para su propia cultura basada en un diálogo con las Escrituras en lengua vernácula.

Si el objetivo de la traducción de la Biblia es que haya una iglesia vernácula y autoteologizada, se hace evidente que hay un camino que conecta la tarea de la traducción con individuos, comunidades y hasta naciones transformadas.

Con esta narrativa, la concepción de la traducción de la Biblia como un área separada se esfuma. ¿Cuántas veces hemos escuchado a la gente describir nuestra obra como algo «especial»? Sin duda, nuestro trabajo requiere habilidades especiales, pero no ha sido muy útil percibirlo como algo desconectado de la misión o del trabajo de la iglesia. Sin duda, esta perspectiva surgió, al menos en parte, por el modus operandi nominalmente secular de SIL en el pasado. Tal vez todavía estamos sufriendo las consecuencias de una política que desalentaba a los traductores de la Biblia a asociarse directamente con iglesias. Deberíamos reconocer que esta política atendió a circunstancias y actitudes de ese momento y que ha tenido consecuencias perjudiciales.

Sobre las asociaciones

Es un buen momento para decir mi contraargumento: si la traducción de la Biblia es todo, ¡también es nada! ¿Acaso estoy diciendo que la traducción de la Biblia debería incluir la plantación de iglesias, la capacitación pastoral y todo lo relacionado?

No, no estoy diciendo eso. El tema no es las actividades, sino la manera de pensar. El trabajo de traducción de la Biblia podría, y debería, enfocarse en las actividades que las personas involucradas conocen mejor. Sin embargo, es necesario planearlas y llevarlas a cabo con el impacto deseado en mente.

Quizás, cuando digo que las asociaciones son la clave, lo estoy tratando de convencer de algo de lo que ya está convencido. Confío en que quienes lean esto valoran las asociaciones. No obstante, también entiendo que nuestra forma de abordar las asociaciones depende de qué es lo que percibimos como nuestro objetivo. Si nuestro objetivo es tener traducciones completas, puede que no necesitemos asociarnos con iglesias y otras organizaciones. Si ese es nuestro objetivo, tal vez veamos las asociaciones como rivales respecto a lo que estamos intentando conseguir.

Recuerdo un caso en que uno de nuestros miembros, al coordinar un proyecto de traducción de la Biblia, afrontaba expectativas contradictorias. Un financiador extranjero tenía un plazo muy ajustado. Los traductores eran pastores locales. ¿Debíamos acaso presionar a los traductores para que tradujeran más rápido, por más horas y descuidaran, por tanto, sus iglesias? Incluso la iglesia se puede volver un rival si nuestro objetivo es simplemente completar el Libro.

Si, en cambio, nuestro objetivo es que nazca una iglesia vernácula que eche raíces en la comunidad y que la fe cristiana sea inculturada y, si abordamos la traducción de la Biblia con la perspectiva de derribar las barreras lingüísticas y culturales entre la comunidad y el reino de Dios, podremos ver que tenemos el mismo deseo de producir un impacto que nuestros amigos y socios, incluso si no participan de nuestras actividades.

Unidos a la iglesia

La clave para alcanzar la visión de la traducción de la Biblia es una iglesia vernácula. A la vez, la relevancia futura de Wycliffe Finlandia está unida a la de la iglesia finlandesa. Afirmamos que nuestra misión es fortalecer la participación de las comunidades y las iglesias cristianas en el trabajo de traducción de la Biblia. Por tanto, no tenemos relevancia alguna por fuera de la iglesia. No podemos cumplir nuestra misión de manera significativa si la iglesia finlandesa pierde su vitalidad y su visión.

Estar unidos a la iglesia es, antes que nada, una elección misiológica. Si nuestra principal preocupación fuera nuestra propia organización, podríamos continuar trabajando por años, incluso décadas, al enfocarnos en recopilar los legados de la ya anticuada generación con mentalidad misionera. No obstante, creo que no estaríamos siendo fieles a nuestro llamado. Si dijéramos que anhelamos ver el reino de Dios extenderse entre los «no alcanzados», pero descuidáramos nuestra propia iglesia nacional y solamente nos enfocamos en extraer las cada vez más pequeñas ofrendas de los fieles a la traducción de la Biblia, seríamos hipócritas.

Toda misión cristiana debe fluir de una visión viva y relevante de la iglesia. Desarrollar tal visión debe ser parte del propósito esencial de Wycliffe. Si la iglesia pierde la visión misionera, el trabajo de nuestras organizaciones se convertirá en una batalla de desgaste cuya derrota final solo será retrasada por eslóganes de mercadotecnia de medias verdades y una narrativa en la que la verdadera naturaleza de nuestro trabajo está oculta detrás de la cortina de humo de la jerga posmoderna aceptable. Solo continuaremos siendo relevantes si servimos de inspiración y de herramienta a las iglesias para que participen de la misión.

La generación crítica

Por último, quiero hablar sobre la generación emergente. La cuestión de los niños y los jóvenes es crucial para la iglesia finlandesa, pero también para las comunidades entre las que el trabajo de traducción de la Biblia está en progreso. Según lo que he observado, en la historia del movimiento de Wycliffe y SIL, se ha prestado muy poca atención a los niños y los jóvenes. Se ha traducido la Biblia teniendo en cuenta principalmente las necesidades percibidas de los adultos en foco y alfabetizarlos ha sido el complemento primordial de la tarea de traducción.

Desde hace varios años, Wycliffe Finlandia ha discontinuado su participación en proyectos de alfabetización para adultos, salvo algunas excepciones. Tomamos esta decisión deliberadamente. Los proyectos educativos en los que ahora participamos se enfocan en que los niños aprendan su lengua materna.

Sin dudas existen buenas razones para la alfabetización de adultos y no es nuestra tarea definir qué es significativo en determinadas circunstancias. Sin embargo, creemos que es insostenible enseñarles a los niños solamente en un idioma extranjero y que, después de adultos, haya que enseñarles a leer las Escrituras en su lengua materna. Como dice un viejo dicho finlandés, es como proveerle agua a un pozo.

Son muy pocas las comunidades lingüísticas que todavía viven completamente aisladas de la educación y la tecnología modernas. Las consecuencias para el futuro de los idiomas son enormes. La esperanza de vida de los idiomas vernáculos de las generaciones jóvenes es muy corta si no los utilizan para aprender sus habilidades básicas, especialmente leer y escribir. El poder que tiene la educación para influir en la identidad lingüística disminuye la probabilidad de que estos jóvenes sigan transmitiendo su lengua materna a la siguiente generación. Aunque suene muy pesimista, mi predicción es que la mayoría de los idiomas que no se utilizan en la educación básica en la actualidad se extinguirán con esta generación.

Probablemente lo mismo sea cierto para la mayor parte de la iglesia. Es probable que los niños que hoy asisten a una iglesia que no usa su lengua nunca obtengan una identidad cristiana vernácula. Los idiomas que no se utilizan hoy para hablarles a los niños sobre Jesús muy probablemente no tengan futuro como idiomas de la fe cristiana.

Entonces, ¿nuestra tarea es proteger a los idiomas en peligro? Mi respuesta es un no. Simplemente no. Cada comunidad, cada familia decide qué idiomas quieren utilizar. Nuestra visión no tiene que ver con la diversidad lingüística, sino con el reino de Dios. Sin embargo, en esta narrativa de la traducción de la Biblia que he estado desarrollando junto a usted, es inherente el ideal de que ningún individuo ni ninguna comunidad deberían tener que descartar su propio idioma para ser ciudadanos del reino de Dios y llevar una vida con propósito.

Para que el pozo se llene de agua de manera natural, por así decirlo, debemos enfocarnos en la generación joven, ya que de ellos fluirá la transformación en lengua vernácula hacia las generaciones futuras.

Conclusión

El rumbo hacia el cual he conducido a Wycliffe Finlandia durante los últimos ocho años es el siguiente: queremos participar junto con la iglesia, desarrollándola, para ayudar en la traducción de la Biblia, a fin de que nazcan iglesias vernáculas que crezcan y echen raíces y para eliminar las barreras lingüísticas y culturales entre las comunidades y el reino de Dios, enfocándonos en la generación joven. Sin embargo, encontrar este rumbo ha sido difícil en el mejor de los casos y más de una vez he sentido que choco con una pared de ladrillos.

La perspectiva con la que elegí ver nuestro trabajo es la participación, no la posesión. No estamos en una carrera para traducir los «últimos» idiomas. Bajo este estandarte, el trabajo que hacemos es irrelevante para nosotros.

Y si es así, ¿somos necesarios todavía? ¿Todavía es necesaria Wycliffe Finlandia en la traducción de la Biblia?

No sé si somos necesarios. No estoy seguro de que la necesidad, dejando en claro nuestra propia importancia, haya sido alguna vez el mejor enfoque para la misión. Dios puede tranquilamente arreglárselas sin nosotros, y siempre lo habría hecho. Lo que importa es que, por gracia de Dios, nosotros, incluso nosotros, desde los límites del mundo cristiano, aún podemos participar de su gran Misión atravesando las barreras de la lengua y la cultura.

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