
Called el pulgarcito de América, the ‘mighty mite’ or ‘strong little one’ of America, El Salvador is the smallest country in the Americas. Its area is 13,074 square miles. The country is composed of a plateau bordered by two mountain ranges of volcanic origin: the first range parallels the Pacific Ocean and the second constitutes the border with Honduras. El Salvador has frequent destructive earthquakes and volcanic eruptions, earning the country the nickname “Valley of the Rocking Hammock.” In 2001, two earthquakes wreaked enormous havoc in much of the country.
El Salvador’s climate is tropical. The country’s primary natural resources are agriculture (principal crops are coffee, cotton and sugar cane) and forests. The country has one of the highest indexes of annual deforestation in the world. The high population density of the country, especially in the metropolitan area of San Salvador, the capital and one of the most modern cities in Central America, contributes to increasing urban environmental problems, particularly air and water pollution. Cities continue to attract those in search of opportunity, and today about 60% of the population lives in urban areas.
The population of El Salvador is predominantly mestizo, of mixed Indian and Spanish heritage, much like the culture of El Salvador itself. Ruins of the ancient Mayan civilization and the more recent Spanish incursions are both preserved in El Salvador. Some elderly Indians, principally Pipils, speak Nahuatl-Pipil, an indigenous language with ancient roots, but, like other indigenous languages in El Salvador, it is a nearly-extinct language. Only a very small percentage of El Salvador’s population today is of exclusively Amerindian heritage and descent. Spanish is the country’s official language.
The Salvadoran people are known for their diligence and solid family values, and their wealth of folklore and tradition. Widespread production of handicrafts contributes heavily to the domestic economy.
Due to the 12-year armed conflict that took place in the country (1980-1992), many Salvadorans emigrated in order to support family members remaining in El Salvador. The turmoil of the civil war awakened many to their need for God and brought about notable growth in the evangelical church; today it is one of the main branches of faith in the country. Within this church, there is high awareness of cross-cultural missions. Catholicism remains the main religion and is practiced at least nominally by about 75 percent of El Salvador’s population.

Llamado el “pulgarcito de América,” El Salvador es el país más pequeño de América. Su superficie es de 21.041 km². El país posee una meseta flanqueada por dos cadenas montañosas de origen volcánico: la primera corre paralela al océano Pacífico y la segunda constituye la frontera con Honduras. El Salvador sufre frecuentes terremotos destructivos y erupciones volcánicas, por lo que popularmente se le ha llamado el “Valle de las Hamacas.” En el 2001 dos terremotos causaron enormes estragos en la mayor parte del país.
El clima es tropical. Sus recursos naturales son básicamente agrícolas (destacan los cultivos de café, algodón y caña de azúcar) y forestales. El país tiene una de las más altas tasas de deforestación anual del mundo. La elevada densidad demográfica del país, especialmente en el área metropolitana de San Salvador, la capital y una de las ciudades más modernas de Centroamérica, contribuye a incrementar los problemas ambientales urbanos, en particular la polución del aire y del agua. El 60% de la población vive en áreas urbanas, muchos campesinos buscan las ciudades en busca de mejores oportunidades.
En El Salvador predomina la población mestiza, mezcla de indígenas y españoles, y su cultura refleja esta herencia. Se conservan ruinas de la civilización maya. Algunos indígenas ancianos, principalmente pipiles, hablan el náhuatl-pipil, pero ya es una lengua extinta, como otras lenguas indígenas del país. El español es el idioma oficial.
Pese a todas las desventajas que el país pueda tener, se destaca aun a nivel internacional, la laboriosidad del pueblo salvadoreño, un pueblo esforzado y con valores familiares muy sólidos. Al ser un país rico en folclore y tradiciones, la producción artesanal se encuentra muy difundida en todo el estado y contribuye en gran medida al desarrollo de la economía nacional.
A raíz del conflicto armado que se vivió en el país por 12 anos (1980-1992), muchos emigraron al Norte y a otros países para sostener a sus familias en El Salvador. Durante el tiempo de la guerra civil, la necesidad de Dios llevo al incremento notable de la fe evangélica, al punto que hoy es una de las religiones principales. También existe una conciencia bastante desarrollada por las misiones transculturales. El catolicismo sigue siendo la religión principal, la cual practica por lo menos nominalmente un 75% de la población.