
The Belfast Letter
The translation teams at the conference in Brazil envied Jo and me. When we got together for problem solving sessions, fuelled by Brazilian cafezinhos—those tiny cups of strong, well-sugared espresso—Jo and I just could not identify with the problems they were sharing with us.
"We are ignored in the village where we work," one team would say, "please pray for us." Another would report, "No one in the village we live in will help us learn the language." Another from a different language group would chime in, "No one is interested in learning to read." Someone else would ask, "How can you get good storytellers to help you translate the Bible?"
We prayed for our colleagues, but although our family constantly faced major financial and medical problems, we simply did not have problems in those areas—in fact, it was just the opposite.
Within hours of my first arrival in the main Canela village, I was given a Canela name. Within a month of our family settling in the village, two families stepped up—one to adopt me as their son, and the other to adopt Jo as their daughter. We became Canelas: citizens of the village, joined with others in a complicated kinship system. I was even taken into one of the men's groups and guided through my responsibilities in the village festivals.
When it came to learning the language, it was like drinking from a fire hose. Teenagers crowded around us shouting out the Canela names for things faster than we could write them down. Once we began teaching people to read, there were so many potential students that, for the first year, we limited classes to parents of families only. Some boys who didn't make it into the reading classes stole the learn-to-read books and taught themselves. We had a profusion of translation associates. At one time we had seventeen men and women on the team serving as review readers, translation checkers, and typists.
As we listened to the problems enumerated by our colleagues who worked in other language groups, we realized we were very fortunate. And for years we had no idea why this was the case.
It was not until we received a letter from a Christian man in Belfast, Ireland, that we were able to account for it. The letter went something like this:
"Dear Brother Jack and Sister Jo,
"I just found out that you have been assigned to translate the Bible for the Canelas. I am delighted.
"I once did some missionary service in Brazil. One day, as I was trekking through the jungle with some of my fellow missionaries, we stumbled upon a village we didn’t know was there. It was laid out in a huge circle, with all the houses around the outside of the circle facing inward, and an open plaza in the centre with paths radiating out, one to each house. From an airplane it must have looked like a gigantic wagon wheel.
"The people were fierce looking. The men carried clubs and spears and none of them spoke any of the languages we knew. Frankly, we were afraid of them, and we left as quickly as we could, not daring to stay overnight in that village. Later on I found out they were called the Canela."
As the Irishman went on to tell us more about himself, we realized he had started praying for the Canela of Brazil when our parents were still teenagers! A full ten years before Jo and I were born!
He prayed faithfully for the Canela for forty years, until we finally got there—as thirty year-old linguist-translators. Then he prayed for another twenty-two years, until God's Word was translated into Canela and the Church was established. Finally, after sixty-two years of praying, the Lord took him Home, no doubt to an exceedingly great reward.
God seems to have bound Himself to act on earth mostly as His people ask Him to. He voluntarily limits Himself to work in this world mainly in response to the prayers of His children. He prepared the Canela for our coming as an answer to that Irishman's prayers.
Jo and I spent twenty-two years of our lives talking to the Canela about God. The Irishman from Belfast spent sixty-two years of his life talking to God about the Canela.
Both activities were needed for the Canela to receive God's Word in their language. Now God can speak to the Canela about Himself directly from His Word.
About 2,000 language groups are still without the Word of God in the language they know best.
Of course, they are in need of well-trained, well-funded Bible translators, but prayer warriors are needed too.
And they don't even have to be Irish.
Photo courtesy of the author.

La Carta de Belfast
Los equipos de traducción en la conferencia en Brasil nos envidiaban a Jo y a mí. Cuando nos reunimos para sesiones de resolución de problemas, estimulados por cafezinhos brasileños —tacitas de café expreso bien cargado y con bastante azúcar, Jo y yo simplemente no podíamos identificarnos con los problemas que nos presentaban.
"En el pueblo en donde trabajamos nos ignoran,” decía un equipo de traducción, “por favor, oren por nosotros." Otro informaba: "Nadie en el pueblo en donde vivimos nos ayuda a aprender el idioma." Otro grupo lingüístico diferente intervenía: “Nadie se interesa en aprender a leer." Alguien más preguntaba: "¿Cómo se puede hallar buenos narradores que ayuden a traducir la Biblia?"
Oramos por nuestros colegas, pero aunque nuestra familia enfrentó constantemente serios problemas financieros y de salud, simplemente no tuvimos problemas en esos aspectos; a decir verdad, era precisamente lo opuesto.
A las pocas horas de mi llegada por primera vez al principal pueblo Canela, me dieron un nombre Canela. En menos de un mes desde que nuestra familia llegó al pueblo, dos familias se presentaron: una me adoptó como su hijo, y la otra adoptó a Jo como su hija. Se nos hizo Canelas: ciudadanos del pueblo, unidos a otros en un complicado sistema de parentesco. Inclusive me llevaron a uno de los grupos de hombres y me explicaron mis responsabilidades en los festivales del pueblo.
Cuando se trató de aprender el idioma, fue como beber de una manguera de bomberos. Los adolescentes se arremolinaban a nuestro alrededor gritando los nombres en Canela de las cosas más rápido de lo que nosotros podíamos anotarlos. Una vez que empezamos a enseñar a leer a la gente, hubo tantos estudiantes en potencia que, en el primer año, limitamos las clases sólo a los padres de familia. Algunos muchachos que no lograron que se les inscriba en las clases de lectura se robaron los libros de aprendizaje de lectura y aprendieron a leer por sí mismos. Tuvimos abundantes asociados en la traducción. En una ocasión llegamos a tener diecisiete hombres y mujeres en el equipo sirviendo como lectores, revisores, chequeadores de traducción y mecanógrafos.
Al escuchar los problemas que mencionaban nuestros colegas que trabajaban en otros grupos lingüísticos, nos dimos cuenta de que fuimos muy afortunados. Por años no tuvimos ni idea de por qué esto era así.
No fue sino cuando recibimos una carta de un creyente de Belfast, Irlanda, que pudimos entenderlo. La carta decía algo como esto:
"Queridos hermanos Jack y Jo:
“Acabo de enterarme que a ustedes les han asignado la traducción de la Biblia para los canelas. Estoy encantado.
"En un tiempo serví como misionero en Brasil. Un día, mientras hacíamos caminata por la selva con algunos colegas misioneros, llegamos a un pueblo que no sabíamos que estaba allí. Estaba trazado en un amplio círculo, con todas las casas en la periferia y en dirección al centro, y una plaza abierta en el centro con senderos que salían como radios, uno a cada casa. Desde un aeroplano debió haberse visto como una gigantesca rueda de carreta.
"La gente tenía aspecto feroz. Los hombres llevaban garrotes y lanzas, y ninguno de ellos hablaba ninguna de los idiomas que nosotros sabíamos. Francamente, nos llenó el miedo, y nos fuimos lo más rápido que pudimos, sin atrevernos a pasar la noche en ese pueblo. Más tarde me enteré de que eran los canela.”
Al proseguir el irlandés contándonos más de sí mismo, nos dimos cuenta de que él había empezado a orar por los canela de Brasil cuando nuestros padres eran todavía adolescentes. ¡Diez años antes de que Jo y yo naciéramos!
Él oró fielmente por los canela por cuarenta años, hasta que finalmente nosotros llegamos allá, como traductores y lingüístas de treinta y tantos años. Luego oró por otros veintidós años, hasta que la Palabra de Dios quedó traducida al canela, y la iglesia se estableció. Finalmente, después de sesenta y dos años de orar, el Señor lo llevó al cielo, sin duda a una recompensa grandemente abundante.
Dios parece haberse sujetado a actuar en la tierra principalmente según su pueblo se lo pide. Voluntariamente se limita a obrar en este mundo principalmente en respuesta a las oraciones de sus hijos. Él preparó a los canela para nuestra llegada, como respuesta a las oraciones de aquel irlandés.
Jo y yo dedicamos veintidós años de nuestras vidas para hablarles de Dios a los canela. El irlandés de Belfast dedicó sesenta y dos años de su vida a hablarle a Dios respecto a los canela.
Ambas actividades fueron necesarias para que los canela recibieran la Palabra de Dios en su lengua. Ahora Dios puede hablar a los canela directamente desde su Palabra.
Como unos 2,000 grupos lingüísticos todavía no tienen la Palabra de Dios en la lengua que conocen mejor.
Por supuesto, se necesitan traductores de la Biblia bien capacitados, y con suficiente sostenimiento, pero también se necesitan guerreros de oración.
Y no todos tienen que ser irlandeses.
Foto cortesía del autor.

La lettre de Belfast
À la conférence qui se tenait au Brésil, les équipes de traduction nous ont enviés, Jo et moi. Quand nous nous sommes réunis pour des sessions de résolution de problèmes, fortifiés par des cafezinhos brésiliens -ces tasses minuscules d’expresso fort et bien sucré- Jo et moi ne pouvions tout simplement pas nous identifier aux problèmes qu'ils partageaient avec nous.
« Nous sommes ignorés dans le village où nous travaillons, disait l’une des équipes ; s’il vous plait, priez pour nous ». Une autre rapportait ceci: « Dans le village où nous habitons, personne ne nous aide à apprendre la langue ». D’autres personnes, dans un groupe de langue différent, surenchérirent: « Personne ne s’intéresse à la lecture ». Quelqu'un d'autre ajouta : « Comment trouver de bons conteurs pour nous aider à traduire la bible? »
Nous avons prié pour nos collègues, mais bien que notre famille fasse constamment face à des problèmes financiers et médicaux importants, nous n’avions tout simplement pas eu de problème dans ces différents domaines - En fait, c'était juste le contraire.
Pendant les heures qui ont suivi ma première arrivée dans le village principal Canela, on m’a donné un nom Canela. Pendant le mois d’installation de notre famille, deux familles se sont rapprochées de nous, l’une d’elle pour m'adopter en tant que fils, et l'autre pour adopter Jo en tant que fille. Nous sommes devenus des Canelas : des citoyens du village, reliés aux autres par un système de parenté compliqué. J'ai même été accepté dans l’un des groupes d’hommes et guidé dans mes responsabilités pendant les festivités du village.
Quant au fait d’apprendre la langue, c’était comme de boire à un tuyau d'incendie. Les adolescents se sont rassemblés autour de nous en criant les noms des choses en langue Canela plus vite que nous ne pouvions les écrire. Une fois que nous avons commencé à leur enseigner la lecture, il y avait tellement d'élèves potentiels que pendant la première année, nous avons limité les classes aux parents des familles seulement. Quelques garçons qui n'avaient pas suivi ces classes dérobèrent les manuels d’apprentissage de la lecture et s’instruisirent par eux-mêmes. Nous avions une profusion d’associés pour la traduction. Un jour, nous eûmes même dix-sept hommes et femmes servant dans l'équipe en tant que relecteurs, vérificateurs de traduction et dactylos.
Alors que nous écoutions les problèmes énumérés par nos collègues qui travaillaient dans d'autres groupes linguistiques, nous avons réalisé que nous étions très chanceux. Et pendant des années, nous n'avons eu aucune idée de la raison de tout ceci.
Ce n’est que lorsque nous reçûmes une lettre d'un chrétien de Belfast, en Irlande, que nous comprîmes alors pourquoi. La lettre se présentait à peu près comme celle-ci :
« Cher frère Jack et chère sœur Jo,
Je viens juste de découvrir que vous avez été affectés à la traduction de la bible pour les Canelas. J’en suis très heureux.
Autrefois, j'ai accompli un service missionnaire au Brésil. Un jour, pendant que je faisais une randonnée dans la jungle avec quelques collègues missionnaires, nous sommes tombés sur un village dont nous n'avions pas connaissance à cet endroit. Il se présentait sous la forme d’un immense cercle, avec toutes les maisons construites autour, à l'extérieur du cercle et tournées vers l’intérieur, et une place ouverte au centre avec des chemins partant vers l’extérieur, chacun d’eux conduisant à une maison. D'un avion, cela devait ressembler à une gigantesque roue de charrette.
Les gens avaient un regard féroce. Les hommes portaient des gourdins et des lances et aucun d’eux ne parlait l’une des langues que nous connaissions. Franchement, nous avions peur d’eux et nous sommes partis aussi rapidement que possible, n'osant pas passer la nuit dans ce village. Plus tard, j'ai découvert qu’on les appelait les Canelas ».
Pendant que l'irlandais continuait de nous parler davantage de lui-même, nous avons réalisé qu'il avait commencé à prier pour les Canelas du Brésil quand nos parents étaient encore des adolescents ! Dix bonnes années avant que Jo et moi ne naissions !
Il pria fidèlement pour les Canelas pendant quarante années, jusqu'à ce que nous y arrivions finalement -en tant que linguistes-traducteurs âgés d’une trentaine d’années. Ensuite, il pria encore pendant vingt-deux années, jusqu'à ce que la Parole de Dieu ait été traduite en Canela et que l'église ait été établie. Finalement, après soixante-deux ans de prière, le Seigneur l’a rappelé à Lui, sans aucun doute pour recevoir une récompense extrêmement grande.
La plupart du temps, Dieu semble s’astreindre à agir sur la terre selon ce que son Peuple lui demande. Il se limite volontairement pour travailler dans ce monde essentiellement en réponse aux prières de ses enfants. Il a préparé les Canelas à notre venue comme une réponse aux prières de cet irlandais.
Jo et moi avons passé vingt-deux ans de nos vies à parler de Dieu aux Canelas. L'irlandais de Belfast a passé soixante-deux ans de sa vie à parler des Canelas à Dieu.
Ces deux activités étaient nécessaires pour que les Canelas reçoivent la Parole de Dieu dans leur langue. Aujourd’hui, Dieu peut parler directement aux Canelas à partir de sa Parole.
Il y a environ 2.000 groupes linguistiques qui n’ont toujours pas la Parole de Dieu dans la langue qu'ils connaissent le mieux.
Naturellement, ils ont besoin de traducteurs bien formés, bien affermis sur le plan biblique, mais les guerriers de la prière sont eux aussi nécessaires.
Et ils peuvent même ne pas être irlandais.
Photo offerte gracieusement par l'auteur.

A Carta de Belfast
As equipes de tradução devem ter sentido inveja de mim e da Jo em uma conferência no Brasil. Quando nos reunimos para as sessões de resolução de problemas, regadas a cafezinho, Jo e eu simplesmente não conseguíamos nos identificar com as dificuldades que eram apresentadas.
“Somos ignorados na aldeia onde trabalhamos”, uma equipe de tradutores dizia, “por favor, orem por nós”. Outra informava: “Ninguém na aldeia onde estamos quer nos ajudar a aprender a língua”. Uma equipe de um grupo linguístico diferente intervinha: “Ninguém se interessa em aprender a ler”. Mais alguém perguntava: “Como a gente consegue achar bons contadores de histórias que nos ajudem a traduzir a Bíblia?”
Oramos por nossos colegas, mas embora a nossa família tenha constantemente enfrentado sérios problemas financeiros e de saúde, não tínhamos problemas nessa área; para falar a verdade, havia acontecido exatamente o oposto.
Poucas horas depois da minha chegada na aldeia principal do povo Canela, ganhei um nome na língua. Menos de um mês depois, duas famílias se apresentaram: uma me adotou como filho, e a outra adotou a Jo como filha. Tornamos-nos Canela: cidadãos da aldeia, unidos aos outros Canela por um complicado sistema de parentesco. Até me levaram a um dos grupos de homens e me explicaram quais eram as minhas responsabilidades nas festas da aldeia.
Quando chegou a hora de aprender a língua, fomos praticamente bombardeados. Os adolescentes se juntavam ao nosso redor gritando os nomes das coisas na língua mais rápido do que podíamos anotar. Quando começamos a ensinar as pessoas a ler, havia tantos alunos em potencial que, no primeiro ano, foi preciso limitar as aulas apenas aos pais de família. Alguns jovens que não conseguiram se inscrever nas aulas roubaram livros didáticos para aprender a ler sozinhos. Tivemos vários parceiros no trabalho de tradução. Certa vez, chegamos a ter dezessete homens e mulheres na equipe servindo como leitores, revisores de tradução e datilógrafos.
Ao ouvirmos os problemas mencionados por nossos colegas que trabalhavam em outros grupos linguísticos, percebemos o quanto éramos afortunados. Durante anos, não fazíamos ideia do porquê.
Foi apenas depois de recebermos uma carta de um irmão em Belfast, na Irlanda, que conseguimos entender. A carta dizia algo assim:
"Queridos irmãos Jack e Jo,
“Acabo de enterarme que a ustedes les han asignado la traducción de la Biblia para los canelas. Estoy encantado.
"En un tiempo serví como misionero en Brasil. Un día, mientras hacíamos caminata por la selva con algunos colegas misioneros, llegamos a un pueblo que no sabíamos que estaba allí. Estaba trazado en un amplio círculo, con todas las casas en la periferia y en dirección al centro, y una plaza abierta en el centro con senderos que salían como radios, uno a cada casa. Desde un aeroplano debió haberse visto como una gigantesca rueda de carreta.
"La gente tenía aspecto feroz. Los hombres llevaban garrotes y lanzas, y ninguno de ellos hablaba ninguna de los idiomas que nosotros sabíamos. Francamente, nos llenó el miedo, y nos fuimos lo más rápido que pudimos, sin atrevernos a pasar la noche en ese pueblo. Más tarde me enteré de que eran los canela.”
Ao continuar a carta, nosso irmão irlandês nos contou mais sobre a vida dele, e descobrimos que ele havia começado a orar pelos Canela quando nossos pais ainda eram adolescentes. Dez anos antes de eu e a Jo nascermos!
Esse irmão orou fielmente pelos Canela por quarenta anos, até que nós finalmente fomos para lá, como tradutores e linguístas de trinta e poucos anos de idade. Depois, ele orou por mais vinte e dois anos, até que a Palavra de Deus fosse traduzida na língua Canela e a igreja se estabelecesse. Finalmente, após sessenta e dois anos de oração, o Senhor o levou para Casa, onde sem dúvida terá um grande galardão.
Deus parece agir principalmente de acordo com o que seu povo pede. Às vezes, Ele se limita voluntariamente a agir em resposta às orações de seus filhos. Ele preparou os Canela para a nossa chegada, como resposta às orações desse irmão irlandês.
Jo e eu dedicamos vinte e dois anos de nossas vidas para falar de Deus aos Canela. O irlandês de Belfast dedicou sessenta e dois anos de sua vida para falar com Deus sobre os Canela.
Essas duas participações foram necessárias para que os Canela recebessem a Palavra de Deus em sua língua. Agora Deus pode falar com os Canela diretamente através da sua Palavra.
Aproximadamente 2.000 grupos linguísticos ainda não têm a Palavra de Deus na sua língua.
É claro que todos precisam de tradutores da Bíblia capacitados e com um bom sustento, mas parceiros de oração também são fundamentais.
E eles nem precisam ser irlandeses.
Foto: cortesia do autor.

從貝爾法斯特來的信
在那個於巴西舉行的會議上,多個翻譯隊伍都很羨慕我和蕎(Jo)。會議上,我們喝著巴西cafezinhos ——又濃又甜的小杯咖啡;我們理應跟他們一起解決問題,但他們所分享的問題,我們實在沒法認同。
有一隊說:「我們在工作的村莊中被人忽略,請為我們禱告。」另一隊說:「村中無人肯幫助我們學習語言。」從另一語言族群來的隊伍也和應說:「沒有人想學習閱讀。」有人問我們:「你們是怎樣找著好的說故事者來幫助翻譯聖經的呢?」
我們為同工禱告。雖然我們的家庭持續面對嚴重的財政和醫療問題,但這樣的譯經難題,我們實在沒有遇上。事實上,境況剛好相反。
我們抵達卡內拉族(Canela)主要村莊才幾小時,村民便為我起了一個卡內拉語名字。我們一家在村莊中安頓不夠一個月,便有兩個家庭來探訪我們;一個家庭把我認作乾兒子,另一個家庭把蕎認作乾女兒。我們變成卡內拉人:村莊的公民,以複雜的親屬關係與他們聯繫起來。我甚至獲邀加入一個男士小組,學習在村中節期時要盡的責任。
至於學習語言,我們就好像從消防喉喝水一般——少年人把我們團團圍住,大聲喊叫出物件的卡內拉語名字,快得我們未能一一寫下來。到我們開始教他們閱讀,反應也非常踴躍,所以第一年,我們只讓每個家庭的父母來學習。有些男孩未能參與閱讀班,便偷走那些識字課本去自學。我們有大量的翻譯助手,曾經試過同時有十七人協助,在隊伍中幫忙審閱、覆查和打字。
聽著同工臚列在其他語言族群中遇到的種種問題,我們才發現自己原來很幸運;而且多年來,我們並不知道背後的原因。

直至我們收到一位弟兄從愛爾蘭的貝爾法斯特(Belfast)寄來的信,我們才晃然大悟。信件內容概略如下:
「親愛的傑克(Jack)弟兄和蕎姊妹,
「我剛發現你們被派到卡內拉族去翻譯聖經。我很高興。
「我在巴西服侍過。有一天,我與其他宣教士徒步穿過叢林,遇上一個從未發現的村莊。他們的房子排列成巨大的圓形,面向中心,其中有一個露天廣場,如放射形狀般的小路通往每個房子。如果在飛機從上空往下望,那大概像個巨型的輪子。
「那裏的人外表兇悍。男人都帶著棍和矛,又不會說我們懂的語言。坦白說,我們很害怕,不敢在那裏留宿一晚,匆匆離開。後來,我們才知道他們叫卡內拉人。」
這位愛爾蘭弟兄繼續向我們介紹自己,然後我們發現他開始為巴西的卡內拉人禱告時,我們的父母才十多歲!在我和蕎出生前十年,他已經在禱告!
他忠心地為卡內拉人禱告了四十年,直到我們三十歲時,以語言學家的身份去那裡當翻譯員;然後他再禱告了二十二年,直到神的話語被翻譯成卡內拉語,教會在那裏建立。終於,經過六十二年的禱告,神接他回天家,毫無疑問,他要在那裏得著極大的賞賜。
神好像要等待祂的兒女懇求祂,才會在地上工作。祂限制自己在這世界中的工作,為的是要回應祂兒女的禱告。祂回應這位愛爾蘭弟兄的禱告,在我們到達之先就預備了卡內拉人的心。
我和蕎用了二十二年時間向卡內拉人傳講神的福音;愛爾蘭弟兄在貝爾法斯特用了六十二年向神為卡內拉人祈求。
要讓卡內拉人得到母語聖經,這兩種事奉缺一不可。現在,神可以直接用卡內拉的語言向他們顯明自己。
全球約有二千個語言族群還未有母語聖經。
當然,他們需要一些受過訓練和籌得足夠經費的聖經翻譯員去前幫忙,但代禱勇士也是絕不能少的。而且,代禱勇士不一定要是愛爾蘭人呢。
(鳴謝作者提供相片)