Serving with language communities worldwide to express God's love through Scripture translation and compassionate service
youtube syndication
site language:

The Boogi Waqa

The hot desert day was over and a small group of Borana people—nomadic cattle herders in Kenya—sat down under the stars to share news and stories. As SIL workers Jim and Dorothea Lander joined them, an elder began to speak.

Borana elder

A Borana elder

“Long, long ago,” he said, “the Borana people had a Book of God. We called it our Boogi Waqa and everyone had a copy. We read it often to learn how to please God. But as the years passed, our books began to wear out until eventually only one remained—the prized possession of an old, old grandfather.

“Those were years of drought, and our people relentlessly battled for survival. Day after day the old man and his family took their cattle out on long searches for grass and water. One day they left behind a cow too weak to keep up with them. Nosing around for food while no one watched, she came upon the last Boogi Waqa…and devoured it! When the old man came home that night, he found only a few pieces of leather binding scattered on the ground. Great sadness filled the camp.

“That night the old man slept fitfully and dreamt that an angel appeared to him. The angel promised that after many years God would send their book back to them. ‘Watch for a strange man from a faraway country,’ said the angel. ‘When he comes, treat him well, for he will bring back your Boogi Waqa.’

“Many years later, the first missionaries came into Borana land. Some of you remember them. They tried to learn our language, and one of them actually wrote a book he said came from God, but we could not read it.” The elder paused, and then with a long sigh, he concluded: “Now, my children, we still wait for the Boogi Waqa.”

Jim and Dorothea were still learning the Borana language, but they understood enough to marvel at the story. A few weeks later, they entertained some Borana men in their home. After dinner and several cups of sweet, creamy tea, a man named Galgalo picked up the Lander children’s English Picture Bible. Galgalo could read it because he’d served in the Kenyan Air Force. He read the story of the Tower of Babel in English, and then told the Borana men what it said in their own language.

Together they looked at the pictures in the Bible and exclaimed, “Look, these men dress just like we do, with flowing clothes and turbans! They pack their camels like we do! And this desert looks just like ours!”

Galgalo turned to Jim and asked, “Is this a Borana book? Is it…could it be…the Boogi Waqa?”

“Yes,” said Jim. “This is the Boogi Waqa.”

Silently the men stared at Jim and Dorothea. Slowly they turned their gaze back to the book. Long into the night they explored the book, examining the pictures and listening to Galgalo read. Eventually they came to a picture of the Israelites sacrificing a lamb, as God had instructed them to do in the Old Testament.

The men told Jim, “Our fathers taught us that the Boogi Waqa told how to sacrifice a lamb, so that God would forgive our sins. And sure enough here it is in this Boogi Waqa! We still do our animal sacrifices, but some of the missionaries say we should stop. Why is that?”

His heart pounding, Jim took the Bible and turned to the tenth chapter of Hebrews. With Galgalo’s help, he explained that God sent his Son, Jesus, to be the perfect sacrifice for sin. They no longer needed to sacrifice lambs each year because now they could find forgiveness of sin and eternal life by putting their trust in Jesus, who died for their sins once for all!

Health concerns later sent the Landers back home, but a Borana man, David Diida, drew on their linguistic research to spearhead a revision of the Bible and a very successful literacy program. Many groups of believers can now read their own Book of God all across Northern Kenya.

Dorothea says, “I believe God placed the Boogi Waqa story in Borana history and preserved it in their oral culture so that many years after the original book disappeared, men would seek after God and find in Him eternal life by reading their new Boogi Waqa.”

God left His footprint in the desert sands of Northern Kenya, and He’s left it in many other cultures around the world. Missionaries often think they are “taking God to the people” they are called to serve. But the truth is, He has already been there, preparing the way.

Bob Creson is President/CEO of Wycliffe USA

El Bugui Huaka

Los candentes días del desierto habían pasado y un pequeño grupo de los Borana —nómadas ganaderos de Kenia— se sentaron bajo las estrellas para intercambiar noticias y relatos. Cuando Jim y Dorotea Lander, obreros del SIL, se les unieron, un anciano empezó a hablar.

Borana elder

Un Anciano Borana

“Hace mucho, mucho tiempo,” dijo, “los Borana tenían un Libro de Dios. Lo llamamos nuestro Bugui Huaka y toda persona tenía su ejemplar. Lo leíamos a menudo para aprender cómo agradar a Dios. Pero con el paso de los años, nuestros libros empezaron a deteriorarse, hasta que a la larga sólo quedó uno: posesión atesorada de un abuelo viejo, muy viejo.

“Esos fueron años de sequía, y nuestro pueblo incansablemente luchaba por sobrevivir. Día tras día el viejo y su familia llevaban su ganado en largos recorridos buscando hierba y agua. Un día dejaron en casa a una vaca que estaba demasiado débil para mantener el paso. Husmeando por todas partes en busca de comida y sin que nadie la vigilara, la vaca encontró el último ejemplar del Bugui Huaka . . . ¡y se lo devoró! Cuando el viejo volvió a la casa esa noche, halló sólo algunos trozos de la portada de cuero esparcidos por el suelo. Gran tristeza llenó el campamento. 

"Esa noche el viejo durmió intranquilamente y soñó que un ángel se le aparecía. El ángel le prometió que después de muchos años Dios les enviaría de nuevo su Libro. “Mantente vigilante para cuando aparezca un extraño de un país muy lejano,” dijo el ángel. “Cuando él venga, trátale bien, porque él les traerá de vuelta el Bugui Huaka.”

“Muchos años después llegaron los primeros misioneros al territorio Borana. Algunos de ustedes los recuerdan. Trataron de aprender nuestra lengua, y de hecho, uno de ellos escribió un libro que dijo que venía de Dios, pero no pudimos leerlo.” El anciano se detuvo, y luego, con un largo suspiro, concluyó: “Ahora, hijos míos, todavía esperamos el Bugui Huaka.”

Jim y Dorothea todavía estaban aprendiendo la lengua Borana, pero entendieron lo suficiente para asombrarse por el relato. Unas pocas semanas más tarde invitaron a algunos Boranas a su casa. Después de la cena y varias tazas de té dulce y cremoso, un hombre llamado Galgalo tomó la Biblia Lander para niños en inglés, con dibujos. Galgalo podía leerla porque había servido en la Fuerza Aérea de Kenia. Leyó el relato de la torre de Babel en inglés, y luego les contó a los Borana en su propia lengua lo que decía.

Juntos miraron los dibujos en la Biblia y exclamaron: “Miren, estos hombres se visten como nosotros, ¡con ropas sueltas y turbantes! ¡Cargan sus camellos como nosotros! ¡Y este desierto se parece al nuestro!”

Galgalo se volvió a Jim y le preguntó: “¿Es este un libro Borana? ¿Es . . .  podría ser . . . el Bugui Huaka?”

“Sí,” dijo Jim. “Es el Bugui Huaka.”

En silencio los hombres se quedaron mirando a Jim y a Dorotea. Lentamente volvieron su mirada al libro. Hasta altas horas de la noche exploraron el libro, examinando los dibujos y escuchando a Galgalo leer. Al final llegaron a un dibujo de unos israelitas sacrificando un cordero, como Dios les había instruido hacerlo en el Antiguo Testamento.

Los hombres le dijeron a Jim: “Nuestros padres nos enseñaron que en el Bugui Huaka decía cómo sacrificar un cordero, para que Dios perdonara nuestros pecados.  ¡Y con toda certeza aquí está en este Bugui Huaka! Nosotros todavía sacrificamos animales, pero unos misioneros nos dijeron que debemos dejar de hacerlo. ¿Por qué?”

Con el corazón latiéndole aceleradamente, Jim tomó la Biblia y pasó al capítulo 10 de Hebreos. Con la ayuda de Galgalo explicó que Dios envió a su Hijo, Jesús, para que él sea el sacrificio perfecto por el pecado. ¡Ya no tenían que sacrificar corderos cada año, porque ahora podían hallar perdón del pecado y vida eterna al poner su fe en Jesús, que murió por los pecados una vez por todas!

Problemas de salud más tarde hicieron que los Lander volvieran a su país, pero un hombre Borana, David Diida, echó mano de su investigación lingüística para encabezar una revisión de la Biblia y un programa muy exitoso de alfabetización. Muchos grupos de creyentes ahora pueden leer su propio Libro de Dios por todo el norte de Kenia.

Dorotea dice: “Pienso que Dios puso el relato del Bugui Huaka en la historia Borana y lo preservó en su cultura oral, por todos esos años después de que el libro original desapareció para que los hombres buscaran a Dios y hallaran en él vida eterna leyendo su nuevo Bugui Huaka.”

Dios dejó sus huellas en las arenas del desierto del norte de Kenia, y las ha dejado en muchas otras culturas por todo el mundo. Con frecuencia los misioneros piensan que están “llevando a Dios a la gente” a la que son llamados a servir. Pero la verdad es que Dios ya ha estado allí, preparando el camino.

Bob Creson is President/CEO of Wycliffe USA

Le Boogi Waqa

Dans cette région désertique du Kenya, la chaude journée était terminée et un petit groupe de Borana, des éleveurs de bovins nomades, s’était assis sous les étoiles pour s’échanger des nouvelles et se raconter des histoires. Travaillant à SIL, Jim et Dorothea Lander se sont joints à eux et un ancien a pris la parole.

Borana elder

Le récit de l’ancien

« Il y a très, très longtemps, dit-il, les Borana avait un livre de Dieu. Nous l’appelions notre Boogi Waqa et tout le monde en avait un exemplaire. Nous le lisions souvent pour savoir ce qui plaît à Dieu. Mais au fil des ans, nos livres ont commencé à s'user et pour finir, il en est resté un seul, le trésor d'un vieux, vieux grand-père.

« C’était des années de sécheresse et notre peuple luttait sans relâche pour sa survie. Jour après jour, ce vieil homme et sa famille amenaient leur bétail très loin à la recherche de pâturages et d'eau. Un jour, ils ont laissé au camp une vache trop faible pour les suivre. Cherchant de la nourriture alors qu’elle était sans surveillance, elle est tombée sur le dernier Boogi Waqa... et l’a dévoré ! Lorsque le vieil homme est rentré ce soir-là, il n’a trouvé plus que quelques morceaux de la reliure en cuir épars sur le sol. Une grande tristesse a envahi le camp.

« Cette nuit-là le vieil homme a eu le sommeil agité. Il a rêvé qu'un ange lui apparaissait et lui promettait que, dans de nombreuses années, Dieu leur renverrait leur livre. « Un drôle d’homme viendra d'un pays lointain, a dit l'ange, quand il viendra, il faudra bien le traiter, car il va ramener votre Boogi Waqa. »

« De nombreuses années plus tard, les premiers missionnaires sont venus sur notre territoire. Certains d'entre vous s'en souviennent. Ils ont essayé d'apprendre notre langue et l'un d'eux a en fait écrit un livre qu'il a dit venir de Dieu, mais nous n'avons pas pu le lire. » L'ancien s’est tu un instant avant de conclure en soupirant : « Maintenant, mes enfants, nous devons encore attendre le Boogi Waqa. »

Jim et Dorothea étaient encore en train d’apprendre le borana, mais ils ont compris suffisamment l'histoire pour s'en émerveiller. Quelques semaines plus tard, ils recevaient quelques Borana chez eux. Après le dîner et plusieurs tasses de thé sucré et crémeux, l’un de ces hommes, nommé Galgalo, a pris la Bible anglaise illustrée de leurs enfants. Galgalo savait la lire car il avait servi dans l’armée de l’air kenyane. Il a lu l'histoire de la Tour de Babel en anglais, puis l’a racontée aux Borana dans leur langue.

Tous ces hommes regardaient les illustrations de la Bible et s'exclamaient : « Regardez, ces hommes s'habillent comme nous, avec des vêtements amples et des turbans ! Ils chargent leurs chameaux comme nous ! Et ce désert ressemble exactement au nôtre ! »

Galgalo s’est alors tourné vers Jim et lui a demandé : « Est-ce un livre Borana ? Est-ce ... cela pourrait-il être ... le Boogi Waqa ?

« Oui, a dit Jim, c'est le Boogi Waqa. »

En silence, ces hommes ont fixé Jim et Dorothea. Lentement, ils ont tourné leur regard vers le livre. Jusque très tard dans la nuit, ils l’ont feuilleté livre, examinant les illustrations et écoutant Galgalo le lire. Finalement, ils sont arrivés à une image où des Israélites sacrifiant un agneau, comme Dieu le leur avait demandé dans l'Ancien Testament.

Les hommes ont alors dit à Jim : « Nos pères nous ont appris que le Boogi Waqa dit comment sacrifier un agneau, pour que Dieu pardonne nos péchés. C'est sûr, c’est le Boogi Waqa ! Nous faisons toujours nos sacrifices d'animaux, mais quelques missionnaires nous disent que nous devrions arrêter. Pourquoi ? »

Le cœur battant, Jim a pris la Bible et l’a ouverte au dixième chapitre d’Hébreux. Avec l'aide de Galgalo, il a expliqué que Dieu a envoyé son Fils, Jésus, pour être le sacrifice parfait pour le péché. Ils n'ont plus besoin de sacrifier les agneaux chaque année parce qu’ils peuvent désormais avoir leurs péchés pardonnés et la vie éternelle, en mettant leur confiance en Jésus, qui est mort pour leurs péchés une fois pour toutes !

Par la suite, les Lander ont dû retourner dans leur pays en raison de problèmes de santé, mais un Borana, David Diida, a puisé dans leurs recherches linguistiques pour lancer une révision de la Bible et un programme d'alphabétisation qui marche très bien. Dans tout le nord du Kenya, de nombreux groupes de croyants peuvent désormais lire leur livre de Dieu.

« Je crois que Dieu a placé le récit du Boogi Waqa dans l’histoire Borana, a dit Dorothea, et il l'a conservé dans leur culture orale, de sorte que de nombreuses années après la disparition du livre original, des hommes chercheraient Dieu et trouveraient en lui la vie éternelle en lisant leur nouveau Boogi Waqa. »

Dieu a laissé son empreinte dans le sable du désert du nord du Kenya, tout comme dans de nombreuses autres cultures à travers le monde. Les missionnaires pensent souvent qu'ils « amènent Dieu aux gens » qu’ils sont appelés à servir. Mais en vérité, il est déjà là, préparant le chemin.

O Boogi Waqa

O dia quente do deserto havia terminado, e um pequeno grupo dos Borana —nômades criadores de gado do Quênia — se sentou sob as estrelas para compartilhar notícias e histórias. Quando Jim e Dorothea Lander, trabalhadores da SIL, se uniram a eles, um ancião começou a falar.

Borana elder

Um Ancião Borana

“Faz muito, muito tempo”, disse ele, “os Borana tinham um Livro de Deus. Nós o chamávamos de Boogi Waqa, e toda pessoa tinha seu exemplar. Líamos frequentemente para aprender como agradar a Deus. Mas, com o passar dos anos, nossos livros começaram a se deteriorar, até que só restou um: posse estimada de um avô velho, muito velho.

“Aqueles foram anos de seca, e nosso povo lutava incansavelmente para sobreviver. Dia após dia o velho e sua família levavam seu gado em longas buscas por pasto e água. Um dia, deixaram em casa uma vaca que estava muito fraca para acompanhá-los. Farejando por toda parte em busca de comida e sem que ninguém a vigiasse, a vaca encontrou o último exemplar do Boogi Waqa... e o devorou! Quando o velho voltou para casa naquela noite, achou só algumas partes da capa de couro pulverizadas pelo chão. Grande tristeza encheu o acampamento. 

"Naquela noite o velho teve um sono agitado, e sonhou que um anjo lhe aparecia. O anjo lhe prometeu que depois de muitos anos Deus lhes enviaria de novo seu Livro. “Fiquem atentos para quando aparecer um estranho de um país muito longínquo”, disse o anjo. “Quando ele vier, trate-o bem, porque ele lhes trará de volta o Boogi Waqa”.

“Muitos anos depois chegaram os primeiros missionários ao território Borana. Alguns de vocês lembram deles. Eles tentaram aprender nossa língua, e de fato um deles escreveu um livro que disse que vinha de Deus, mas não pudemos lê-lo”. O ancião se deteve, e logo, com um longo suspiro, concluiu: “Agora, meus filhos, ainda esperamos o Boogi Waqa”.

Jim e Dorothea ainda estavam aprendendo a língua Borana, mas entenderam o suficiente para se maravilharem com a história. Poucas semanas mais tarde convidaram alguns Borana para visitarem sua casa. Depois do jantar e de várias xícaras de chá, um homem chamado Galgalo pegou a Bíblia infantil ilustrada em inglês que os Lander tinham. Galgalo podia lê-la porque tinha servido na Força Aérea do Quênia. Leu a história da torre de Babel em inglês, e logo contou aos Borana em sua própria língua o que dizia.

Juntos olharam os desenhos da Bíblia e exclamaram: “Olhem, estes homens se vestem como nós, com roupas soltas e turbantes! Carregam seus camelos como nós! E este deserto se parece com o nosso”!

Galgalo se voltou para Jim e lhe perguntou: “Este é um livro Borana? Ele é... poderia ser...o Boogi Waqa”?

“Sim”, disse Jim. “É o Boogi Waqa”.

Em silêncio os homens olharam para Jim e Dorothea. Lentamente voltaram seu olhar ao livro. Até altas horas da noite exploraram o livro, examinando os desenhos e escutando enquanto Galgalo lia. Finalmente chegaram a um desenho de alguns israelitas sacrificando um cordeiro, como Deus lhes tinha instruído para fazer no Antigo Testamento.

Os homens disseram ao Jim: “Nossos pais nos ensinaram que o Boogi Waqa dizia como sacrificar um cordeiro para que Deus perdoasse nossos pecados. E é verdade, aqui está neste Boogi Waqa! Nós ainda sacrificamos animais, mas alguns missionários nos disseram que devemos deixar de fazer isso. Por quê”?

Com o coração batendo forte, Jim pegou a Bíblia e a abriu no capítulo 10 de Hebreus. Com a ajuda de Galgalo explicou que Deus enviou Seu Filho, Jesus, para que ele fosse o sacrifício perfeito pelo pecado. Já não tinham que sacrificar cordeiros a cada ano, porque agora podiam alcançar perdão do pecado e vida eterna ao colocarem sua fé em Jesus, que morreu pelos pecados de uma vez por todas!

Problemas de saúde mais tarde fizeram que os Lander voltassem para seu país, mas um homem Borana, David Diida, utilizou sua pesquisa linguística para encabeçar uma revisão da Bíblia e um programa muito bem-sucedido de alfabetização. Muitos grupos de crentes agora podem ler seu próprio Livro de Deus por todo o norte do Quênia.

Dorothea diz: “Creio que Deus colocou a história do Boogi Waqa na história Borana e a preservou em sua cultura oral por todos esses anos após o desaparecimento do livro original para que os homens buscassem a Deus e encontrassem nele a vida eterna lendo seu novo Boogi Waqa”.

Deus deixou suas pegadas nas areias do deserto do norte do Quênia, e também as deixou em muitas outras culturas por todo o mundo. Os missionários muitas vezes pensam que estão “levando Deus aos povos” a quem são chamados para servir. Mas a verdade é que Deus já esteve lá, preparando o caminho.

Bob Creson is President/CEO of Wycliffe USA

home   |   about us   |   organizations   |   get involved   |   resources   |   explore   |   prayer   |   articles
Copyright © 2013 Wycliffe Global Alliance
Help | Privacy Statement |